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domingo, 3 de agosto de 2008

Más imagenes y metaimagenes...

Por Pablo O.

El fin de semana político nos deja dos imagenes interesantes a la hora de analizar lo que dicen a distintos niveles.

La primera es de la presidenta Cristina Kirchner, que ofreció una conferencia de prensa como un fenómeno casi inédito, aclarando que era la primera desde 1999 , tras el gobierno de De la Rúa y el de su propio esposo -ex presidente en funciones- que en su cinco años de mandato jamás lo hizo.

La foto es de la tapa del diario Crítica de la Argentina. Así recibía Cristina K las preguntas de los periodistas. No sólo el gesto adusto, sino los brazos cruzados sobre el pecho.

Cualquier manual sbásico obre lenguaje corporal señala que esta posición refleja inconcientemente una actitud negativa, desacuerdo, desconfianza y una postura defensiva. Así vivió la mandataria las demandas de los periodistas. Toda una imagen y una metaimagen.


La otra es de Lula. No podemos decir que responde a una actitud del inconciente.

Pero sí me hizo acordar aquella frase que dice que "el poder es como el violín, se toma con la izquierda y se toca con la derecha".

Más allá de las valoraciones políticas que podamos hacer del gobierno del presidente brasileño, la imagen parece reafirmar ese viejo dicho.

Además muestra que para ser buen violinista le falta un dedo de la mano izquierda, por lo menos.

sábado, 26 de abril de 2008

Imagen y Metaimagen

Por Pablo O.

Imagino que ningún consultor que se precie de tal, quiere estar fuera de la lista de los que le hubieran dicho a Néstor Kirchner que si había una foto que no podía ser el día que asumió Cristina, era esta que tomó AFP.

Máxime si la pretensión era mostrar -como se quiso hacer en la campaña electoral- que el nuevo gobierno de Cristina Fernández tenía su propia impronta y no era sólo una fachada para que él siguiera detentando el poder desde su rol de ex presidente y novel primer caballero.
No debe haber faltado tampoco, me imagino -porque nada de esto es inocente y los consultores lo sabemos-, el que le debe haber sugerido a Kirchner que ante las acusaciones del doble comando y de su futuro rol de "ex presidente en funciones" (hoy demostrado plenamente), no perdiera tiempo rebatiendo con argumentos, exposiciones públicas, discursos u operaciones mediáticas.
Bastaba una buena imagen y su correspondiente metaimagen, para que las cosas quedaran claras.
No hay dudas respecto a quien tiene el bastón de mando por el mango.
Las interpretaciones fálicas emergentes de la imagen y su metaimagen se las dejo a los lacanianos; pero para pensar les paso una reflexión de este señor francés (la que no necesariamente comparto, pero me parece interesante)...: "La mujer existe a partir del goce de la privación. Esa posición femenina que consiste en ser el objeto del fantasma del hombre".

martes, 1 de abril de 2008

Borrini, separa las aguas....

Por Pablo O.
Muchas veces los fotógrafos de sociales o nuestros propios clientes no entienden la razón por la cual a quienes integramos Pensum no nos gusta salir en fotos de eventos de nuestros clientes, ni ocupar espacios en los medios que naturalmente ellos deben ocupar .
En el ámbito local escuche muchas quejas y expresiones de fastidio de empresarios sobre algunos consultores que usan los eventos de sus clientes para la autopromoción y empujan fotos propias en los medios en deterimento de la presencia mediática de sus clientes.
Nuestra actitud no es un capricho ni una pose. Es una conducta que creemos que debe regir nuestra actividad.
Revisando algunos artículos o blogs sobre nuestra actividad encontramos uno en Adlatina.com de Alberto Borrini, maestro en esto de la comunicación corporativa, que explica mejor que nadie el punto. (Las negritas van por nuestra cuenta).
El caso Gaby Alvarez y la imagen de las RRPP
Una regla de oro del relacionismo, no sé si escrita, es que los profesionales no deben competir en los medios masivos con los clientes que los contratan precisamente con ese propósito. La suya debe ser una tarea discreta, silenciosa e invisible.
Esto con respecto a la mediatización voluntaria; ni hablar de la involuntaria, casi siempre negativa, que responde a problemas de conducta o de iniciativas de terceros que escapan al control del involucrado.
El relacionista es un gestor de prensa o de imagen, formado en la universidad como un ingeniero o un abogado. Es una persona de confianza de la gerencia general, especialista en una materia, la comunicación, que cada día cobra más y más importancia en la gestión empresarial.
El relacionista ni siquiera tiene el desahogo mediático de los publicitarios, cuyos nombres o el de sus agencias se imprimen en el orillo de los anuncios. Por esta razón, es difícil que un relacionista alcance el grado de conocimiento popular de un Ramiro Agulla, un Fernando Vega Olmos, un Ernesto Savaglio o de cualquiera de sus colegas más destacados.
Ya habrán adivinado que el motivo de este preámbulo es el resonante suceso delictivo que costó varias vidas y que tuvo como protagonista a "Gaby" Alvarez y su asistente, Ariel Coelho, gestores de prensa especializados en eventos y campañas de personajes del espectáculo, de quienes no tenía referencia alguna hasta que sus nombres aparecieron en la portada de los periódicos.
Naturalmente, cualquier profesional puede cometer un delito; los diarios presentarían entonces al involucrado en su carácter de abogado, ingeniero, publicitario o periodista. Pero los involucrados en la comunicación cargan con la mochila de prejuicios centenarios; publicitarios y relacionistas, sobre todo, pasaron por períodos de mala reputación, que estos últimos consiguieron neutralizar a partir de que sus carreras se convirtieran en disciplinas universitarias, y se desarrollaran profesionalmente.
¿Cuánto pudo haber influído en la imagen de la profesión el caso del "relacionista público" -así lo llamaron invariablemente todos los medios- "Gaby" Alvarez? Es cierto que su radio de acción difiere como el día y la noche del que es propio de los relacionistas empresariales. Pero eso no lo sabe, ni tiene obligación de averiguarlo, el público neófito.
No se trata de una simple división de aguas; la obsesión por figurar de cualquier manera en los medios, propia de los integrantes de la farándula, no se parece en nada a la paciente gestión para lograr una buena reputación que distingue a las empresas.
La primera debe germinar en días o no sirve; la segunda, por el contrario, requiere un trabajo a mediano o largo plazo.
El consultor farandulesco se mimetiza con sus clientes y opera con otras normas, otro estilo, otros horarios y otras tentaciones; algunas de las más graves afloraron entre las causas de la imperdonable imprudencia de Alvarez y su asistente.
Tan distintas son las características de ambas especialidades que, así como el relacionista empresarial se mantiene discretamente entre las bambalinas, el otro busca la fama tanto o más que sus clientes, y hasta se interpone en las fotos para lograrlo. El interrogante sobre la incidencia de sucesos negativos de este tipo en la imagen de las relaciones públicas no es fácil de responder.
Sólo habría que considerar el caso como un alerta profesional, un estímulo para continuar y reforzar la iniciativa de algunos miembros del Círculo de Profesionales, tendiente a alcanzar una mayor transparencia y comprensión de la actividad por parte no sólo de sus clientes sino también del público en general.
Cuánto más haga una profesión por explicarse y hacerse entender, más estará a salvo del rebote de episodios de la gravedad del que nos ocupa

lunes, 31 de marzo de 2008

Cristina y su discurso en la vista de Pichón Riviere



Por Joaquin Pichon Riviere*


Como psicólogo social, es habitual evaluar “el discurso” de las personas, dándoles importancia a los aspectos de la comunicación manifiestos y latentes. También asignamos una relevancia significativa a los aspectos del “encuadre”, el lugar donde el discurso ocurre, la situación en la que se inscribe y quiénes participan. También los ausentes, pues su ausencia es un acto de comunicación relevante.

Asumimos que la persona que escribió los discursos del 25 y 27 de marzo, cuya oradora fue la Presidenta, goza de buena salud mental. Eso nos impide pensar que las palabras hayan surgido de una persona psicótica, estancada en el tiempo a partir de una situación traumática, que congeló su proceso de madurez.

Existen estudios que ubican la figura de Hitler dentro de estos parámetros psicóticos, donde su odio a la comunidad judía se instaló a partir de un hecho traumático en su infancia. La diferencia entre un neurótico y un psicótico reside en que este último no tiene ninguna noción de su enfermedad mental, por lo que él cree que actúa sanamente. La evolución de su delirio hizo que cada vez encontrara más y más “enemigos conspiradores”. Como ya hemos asumido que los discursos fueron aprobados por una persona capaz, debemos buscar lo “psicótico” en la retórica y contenido.

Un discurso “psicótico” se caracteriza por la estructura dilemática: “Todo lo malo afuera y todo lo bueno adentro”, “las cosas son blanco o negro”, “la culpa la tiene siempre el otro”. En resumen, un inteligente mensaje psicotizante que finalmente divide y desinforma. Pero lo más importante es el “contexto” de ambos discursos. Los dos pueden considerarse “obscenos”. Off scene, fuera de escena o lugar.

Ninguno de los dos se realizó en un ámbito presidencial.
El primero fue en un salón secundario de la Casa de Gobierno, durante la firma de un convenio con una empresa: el mensaje traicionó el protocolo más elemental, que es hablar de un tema fuera de su contexto.
Peor aún el segundo discurso, que por la gravedad de los acontecimientos merecía haber sido pronunciado desde la Casa de Gobierno. Pero se eligió Parque Norte, junto a funcionarios, intendentes, piqueteros rentados, sindicalistas con poder de extorsión y otros. Fue un error también haber elegido un estilo “teatralizado” para resaltar un contenido de dudosa veracidad y sin espíritu conciliatorio.
Para finalizar, una penosa analogía: sobre el escenario, detrás de la Presidenta se vio a los los “generales” de la fuerza civil de choque, que prepotean, amedrentan y destrozan siguiendo órdenes o protegidos por la estructura dominante, ingresando lentamente en una nueva forma de terrorismo de Estado. Sólo algunos de los políticos ausentes y un Poder Legislativo y Judicial responsables pueden convertirse en el superyó que ponga los límites para poder reencauzar el país hacia una auténtica democracia participativa.

*Psicólogo social.